Por: Francisco “Morocho” González Cruz (Valera, Trujillo, Venezuela)

Esta casa llora el silencio de los niños. No hay quien alborote las camas, ni corra en lo corredores, ni juegue con los juguetes ahora arrinconados por allí. El patio solo, igual que los gramales de afuera. El manantialito sigue alimentando el pozuelo pero nadie lo perturba y ahora luce tranquilo  y triste. No hay quien le ponga flores a Jose Gregorio Hernández en su gruta.
Viene la gallina con sus polluelos, ¿a quién se llama para que los vean?. Y los bueyes que cruzan el camino a las sementeras ¿a quién atraen? ¿A quién le cantan estos pájaros ?
Uno cae en cuenta que todo esto se hizo por los hijos y los nietos. Por la alegría que portan. Por el entusiasmo que mueven. Por la energía que despliegan.
Y ahora ¿qué sentido tiene todo esto, sin hijos y sin nietos? ¿Qué hacemos?

Habrá que mantener estos lugares parar alimentar la esperanza del retorno.

Oremos y luchemos.
La luz siempre vence las tinieblas.
¡Los buenos somos más!

Caricatura de: @FMPinilla

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